El síndrome de Chris: mis problemas con el diseño de personajes

He calcado hasta el infinito, ¿pero a que no os saldría igual de intentarlo? Calcar no es tan fácil como os quieren hacer creer. Hace falta saber dibujar para poder saber calcar con éxito.

Lo entiendo, te gustan mucho los hombres cachas de casi dos metros de altura con mandíbula poderosa, pelo rubio y ojos claros. Lo sé porque tu Instagram está lleno de clones. Tus seguidores pierden la ropa interior cada vez que subes una ilustración nueva, así que tienes éxito, mucho éxito. Aprovechando el tirón decides empezar un cómic porque siempre has sentido curiosidad y cierta envidia por otros artistas de tu entorno… Pero entonces es cuando comienzan los problemas.

Intentas dar a luz a un Peter, a un Juan y a una Martha, pero todos terminan siendo Chris una y otra vez, y tus seguidores, a los que les encantan tus ilustraciones, entran en un estado de confusión. Pero no te asustes, no es que de golpe hayas perdido la habilidad de dibujar, solo has descubierto que para diseñar un personaje hace falta mucho más que saber usar un lápiz.

Lo que a ti te está pasando nos pasa o ha pasado a todes. Este problema ha sido una de las cosas más difíciles que he tenido que superar a lo largo de mi historia, y aún así no creo haber conseguido dominarlo. Por suerte, con el Proyecto Asta (mi reto personal), vuelvo a poder centrarme en este asunto y mejorar.

El primer paso antes de comenzar a dibujar un cómic debería ser tomarte un tiempo para investigar, documentarte a nivel visual y diseñar los personajes. Esto no solo te va a permitir coger soltura y entretenerte mientras pones en orden el guión, sino que además te va a servir para ejercitar tu memoria muscular, porque esa es la clave.

Tras investigar sobre el tema antes de ponerme manos a la obra he conseguido definir tres pasos clave a seguir:

1. Estudiar algo más que fotos de Chris (Hemsworth, Pine, Evans, Pratt).

Creo que estos bocetos fueron de lo mejor que hice en 2015. Después volví a perder mucho el tiempo intentando dibujar sin mirar referencias porque “copiar es de débiles”.

Apuesto a que más de una vez has intentado dibujar un objeto o un animal de memoria y has fallado estrepitosamente. Y también que te has sentido inútil al dibujar a una persona anciana o gorda, ¡con lo bien que te salen los cuerpos escultóricos! Consigues realizar más o menos la tarea, pero no te sientes a gusto; las formas no encajan bien y las arrugas y los pliegues de la piel no tienen ningún sentido. Y entonces vuelves a los brazos de tu adorado Adonis, que tan bien trata a tu ego de artista.

El problema aquí consiste en que hace tiempo que no analizas otros rostros y otros cuerpos. Los ves por la calle o en la televisión, pero no has empleado ni un 1% del tiempo que si que has gastado en aprenderte a la perfección todos los poros de Chris Pine hasta sabértelos de memoria. Si dibujas tan bien a Chris Pine es porque te lo has estudiado a fondo, y si Chris Hemsworth te resulta tan fácil de dibujar tras haberte pasado meses dibujando a Evans es porque prácticamente son la misma persona y ya tienes el 80% del trabajo hecho.

2. Practicar la memoria muscular

Tienes que sentarte y volver a aprender de cero. Buscar fotos o vídeos de gente con cuerpos y rostros diversos (e incluso expresiones diferentes, porque también sé que te cuesta hacer expresiones que no sean rostros de señores intensos) y ponerte a dibujar una semana entera para ejercitar esa memoria muscular. Te vas a sentir inútil al principio, pero si de verdad quieres hacer un cómic vas a tener que esforzarte un poco. Copiar, copiar y copiar, esa va a ser tu nueva rutina. ¡Incluso calcar! (Madre mía, que no me lean los puristas que me cuelgan). Trazar fotos y dibujar estructuras sobre ellas es la mejor forma de comprender las formas, que nadie os diga lo contrario. En solo unos días te sentirás mucho más a gusto con tus nuevos y flamantes personajes.

3. Reunir valor suficiente para salir de la zona de confort

Estabas esperando este punto, lo sé. Aquí no te puedo ayudar. Esto es algo que tienes que hacer tú y nadie más que tú. Puede que no te atrevas a salir de tu zona de confort por mil y un motivos: porque tienes un miedo atroz a fracasar, porque no tienes nada de paciencia, porque temes descubrir que no todo se te da bien… Y mil cosas más relacionadas con el ego, depresiones y problemas de ansiedad. Pero si lo piensas, intentarlo no cuesta nada, son ejercicios, no obras finales. Es como hacer el workbook (que yo no lo hacía y así me va con el inglés…).

Permítete seguir aprendiendo. Siempre.

4. Descansar

El dibujo es como el ejercicio. Si practicas todos los días acabas quemando más músculo que grasa, lo cual es contraproducente. Necesitas descansar el cerebro y los músculos implicados en el proceso de dibujar o llegará un punto en el que volverás a sentirte torpe. Cuando llegue ese momento, antes de que tu frustración te domine, deja que tu mente asimile lo aprendido uno o un par de días. No toques ni un lápiz, aprovecha para hacer trabajo de campo leyendo cómics. Deja que tus músculos se relajen y, cuando estés liste, vuelve a dibujar.

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